Lo inevitable es inevitable, el paso del tiempo y el
desarrollo tecnológico, factores inherentemente unidos para la vida humana, lo
que alguna vez fue revolucionario, ahora es obsoleto y a veces, para evitar su
deceso, rechaza su fin y se transforma, transforma su significado y su uso para
seguir en el proceso de la existencia.
En astrofísica se define como enana blanca “al estado
final en la evolución de una estrella”, esta acaba sus reservas termonucleares
hasta reducir demasiado su tamaño, terminando en una implosión llamada súper
nova, quedando gases y fragmentos estelares o generando un agujero negro.
Por la gran demanda de tiempo y dinero en los procesos de
elaboración, producción y post producción de una imagen análoga, esta se fue
condenando así misma cuando la fotografía dio un avance gigantesco con el
desarrollo de la fotografía digital, la facilidad para desarrollar la
fotografía por estos procesos, alcanzó niveles titánicos en la emancipación del
arte creativo y el ofrecimiento de innumerables posibilidades en la
materialización de ideas por medio del software.
Con el desarrollo fotográfico por otro camino distinto,
lo analógico empezó a desplazarse como un inicio apasionante y dedicado, la
única ventaja técnica que ofrecía era la calidad sin igual en la matiz
monocromática y la nostalgia por los iniciadores del oficio que se negaban a
olvidar una tradición que les obligaba hacer la transferencia por la inminente
necesidad de seguir en su profesión.
En este momento la técnica fotografía análoga es
discontinua, un equipo solo se consigue de segunda y se enseña la técnica del
revelado como esencia de los inicios. Sobre esta realidad, los procesos
análogos se convierten en tradición, en placer de quien disfruta y evoca lo que
es la fotografía hecha a la antigua, ese privilegio de querer preservar un
humilde y glorioso principio que en un futuro no veamos desaparecer y el que
nosotros quisiéramos conservar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario