Desde afuera de los perfiles publicitarios, se afirma que el ejercicio de la publicidad es mentiroso, persuasivo, engañoso, innumerables estigmas que la condenan ante la leyenda del oficio creado para comerciar de una manera vistosa lo que se tiene que ofrecer, un trueque pintoresco para ocultar verdades desagradables u obvias para manipular y vender.
Desafortunadamente, en parte, por algunos, del pasado de quienes desarrollaron tan magníficamente este rol como profesión y más adelante involucionaron este oficio, quienes dejaron el legado de temporadas depresivas de consumo excesivo y sin sentido, es verdad lo que se afirma por años de ocultismo ante el respeto por el público y que en la actualidad se sigue viendo ante los medios, ante las instituciones y en nuestra sociedad. La publicidad es bipolar, la lucha eterna de su interior entre comunicar y vender, siempre está presente el hecho de que lo más difícil es el concepto, y es verdad, y es lo que genera peso en la balanza al desarrollar el "arte final" de nuestra satisfacción.
Por años de estudio, de concientización y reflexión ante el futuro de mi
vida y la vocación, ese sentido que forma la conexión de mi persona con el otro
por medio de lo que soy, he asimilado el hecho de que la publicidad es un medio
de comunicación, un medio de transmitir el mensaje honesto y verídico de lo que
queremos y debemos expresar, esa responsabilidad conjunta ante la sociedad por
parte de nosotros y de quienes necesitan nuestros servicios y a su vez a ellos
mismos, siendo una publicidad solidaria que ayuda, un servicio sin ánimo de
lucro.
Ante
la realidad laboral, se encuentran senderos que debemos tomar ante una
profesión que fácilmente puede converger en esa parte ambiciosamente lucrativa,
puede ser que depende del riesgo del fracaso ante el consumismo por la
moralidad y el deber como comunicadores de hacer las cosas como se deben y
lograr la victoria personal de nuestras conciencias. No es simplemente agregarle
valor a la publicidad comunicando por medio de este el mensaje moral, que por
cierto, puede ser manipulado para utilizarlo como otra propuesta
comercializable, sino de darle un propósito más sublime y simbólico de lo que
es nuestra profesión.
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