“Diseñar para el ojo es diseñar para el
cerebro”, que más si lo que se expresa es para el órgano que maneja todas
nuestras reacciones, ideas y sentimientos, todo alimentado por imágenes para
plasmarlo de alguna forma en sí misma, así como la publicidad, el diseño como
canal de comunicación, debe regirse y manejarse con el criterio y responsabilidad
adecuada y necesaria que exige un medio social ante la moral del otro.
Siendo la ética la doctrina de las costumbres y
el estudio de la moral, es crear una doctrina de comportamientos correctos ante
las manifestaciones de la vida, creando en cualquier ámbito humano la vocación
y la honestidad del trabajo sin confundir lo correcto de lo que se tiene qué
hacer.
Como diseñador, como trabajador, como persona,
hacer lo correcto no siempre es hacer lo mejor, un trabajo honesto no es hacer
cosas para empresas honestas, sino hacer las cosas con profesionalismo y
calidad a cualquiera que necesita nuestro trabajo (vale aclarar que no a
cualquiera que solicite nuestro servicios).
El diseño gráfico puede ser degradado a un
nivel técnico, siendo esta proposición falsa ante los profesionales talentosos
que se ven y no es excusa, por tener procesos mecánicos, que se desconecte
totalmente de moral o conciencia por manifestarse fuentes creadoras de terceros
y desvincular una ética ante la ejecución por decir que lo hizo otro y
esto solo es dibujo.
Ya se dijo anteriormente, un medio
comunicacional debe respetarse ante los demás y crear una vocación profesional
en hacer lo correcto para transmitir, en este caso, visualmente el mensaje,
“todo entra por los ojo”, que la ética y la moral también haga el mismo
recorrido.
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